Respuesta breve

Dos porciones de pescado marino graso por semana reducen la mortalidad cardiovascular – grandes estudios de cohortes y ensayos en poblaciones con bajo consumo basal de pescado lo confirman. Las cápsulas de aceite de pescado de venta libre a la misma dosis o a dosis mayores no reducen la mortalidad cardiovascular en adultos sanos – Cochrane 2020 (162.000 participantes), VITAL 2019 y OMEMI 2021 muestran resultados nulos. Las formas farmacéuticas de alta dosis funcionan únicamente en grupos clínicos específicos y tienen un efecto adverso real: fibrilación auricular.

Por qué vale la pena esta conversación

En las estanterías de farmacia, el aceite de pescado se ubica junto a la vitamina D y se presenta como un aporte «seguro» para la salud cardíaca. El marketing de suplementos se apoya en datos observacionales antiguos: las personas que comen pescado tienen menos infartos. Esto es cierto. De ahí no se sigue que un extracto concentrado en una cápsula produzca el mismo efecto. En los últimos veinte años, esta hipótesis se ha puesto a prueba en docenas de grandes ensayos controlados aleatorizados (ECA). El resultado es inconsistente y, en el caso general, negativo.

Pescado en la dieta: qué muestran los estudios

Los primeros datos serios provienen de cohortes observacionales de la segunda mitad del siglo pasado. GISSI-Prevenzione (Lancet 1999, 11.324 pacientes post-infarto de miocardio) comparó ésteres etílicos de omega-3 1 g diario frente a control y mostró reducción de la mortalidad por todas las causas y de la muerte cardíaca súbita. Este ECA fue citado durante años como base de la terapia con cápsulas, pero un análisis posterior reveló que los participantes del grupo control también adoptaron una dieta de estilo mediterráneo, por lo que el efecto probablemente reflejó cambios en el estilo de vida, no la cápsula.

El siguiente nivel de evidencia es el metanálisis de cohortes de Mozaffarian & Rimm (JAMA 2006). Al agregar datos de cientos de miles de participantes, los autores mostraron que consumir pescado graso 1–2 veces por semana se asocia con una reducción del 36 % en la mortalidad cardiovascular en comparación con un consumo casi nulo. El efecto no es lineal: superar las 2 porciones semanales no aporta beneficio adicional.

El documento de posición científica de la AHA sobre productos del mar de 2018 codificó esto en una recomendación: 2 porciones de pescado graso por semana (salmón, caballa, sardinas, arenque) como estrategia de prevención primaria de base. La ESC 2021 la respalda.

Las cohortes observacionales no prueban causalidad en sentido estricto. Las personas que comen pescado con regularidad tienden a vivir en culturas mediterráneas, seguir dietas más equilibradas, hacer más ejercicio y fumar menos. Incluso tras ajustar por estos factores, la señal del pescado persiste – y sigue siendo la única señal consistente en toda la literatura sobre omega-3 y enfermedad cardiovascular.

Cápsulas en la población general: Cochrane cierra el debate

El mayor análisis sobre omega-3 en cápsulas se publicó en 2020. La revisión Cochrane «Omega-3 fatty acids for the primary and secondary prevention of cardiovascular disease» agrupó 86 ECA y más de 162.000 participantes.

Cifras clave: – Mortalidad por todas las causas: sin efecto clínicamente relevante (RR 0,97; IC 95 % 0,93–1,01) – Mortalidad cardiovascular: efecto débil y clínicamente trivial (RR 0,92) – Tasa de infarto de miocardio: sin efecto – Tasa de ictus: sin efecto

Los autores señalan de forma explícita: el efecto de las cápsulas de omega-3 sobre los resultados cardiovasculares en la población general es clínicamente insignificante. No se trata de un ensayo contradictorio aislado: es un conjunto de 162.000 personas que muestra de forma consistente un resultado nulo.

VITAL (NEJM 2019) lo confirmó: 25.871 adultos sanos mayores de 50 años, omega-3 1 g diario durante 5 años, sin reducción de eventos cardiovasculares, cáncer ni mortalidad por todas las causas. Con base en VITAL y Cochrane 2020, la ESC 2021 eliminó el omega-3 de las recomendaciones de prevención primaria cardiovascular.

OMEMI (Circulation 2021) evaluó 1.014 pacientes mayores post-infarto con omega-3 1,8 g diario frente a placebo durante 2 años: sin efecto sobre los eventos cardiovasculares adversos mayores (ECAM), y la fibrilación auricular aumentó del 3,1 % al 7,2 %.

La conclusión consolidada de 2026 de las sociedades internacionales de cardiología: las cápsulas de aceite de pescado no sirven para reducir el riesgo cardiovascular en la población general.

JELIS: la excepción japonesa

Un gran ensayo positivo destaca entre los demás. JELIS (Japan EPA Lipid Intervention Study), Lancet 2007: 18.645 pacientes japoneses con hipercolesterolemia, aleatorizados a «estatina + EPA 1,8 g diario» frente a estatina sola. Seguimiento medio de 4,6 años. Resultado: reducción del 19 % en los eventos coronarios mayores.

¿Por qué este resultado no se trasladó a las poblaciones occidentales? Tres razones.

Dieta. Los japoneses consumen, en promedio, 8 veces más pescado que los estadounidenses o europeos. Los niveles basales de EPA y DHA de los participantes de JELIS son niveles que los participantes de ECA occidentales nunca alcanzan, ni siquiera con suplementos. JELIS añadió terapia de alta dosis sobre una «línea de base fisiológica» ya elevada; los ensayos occidentales añaden una cápsula sobre una situación de déficit.

Forma molecular. JELIS utilizó EPA puro sin DHA. La mayoría de los ensayos occidentales (VITAL, OMEMI, STRENGTH) usaron mezclas de EPA+DHA. Los efectos biológicos difieren, y las opiniones sobre cuál es «el correcto» para el corazón están divididas.

Diseño abierto. JELIS no fue ciego: pacientes y médicos conocían los grupos. En ensayos de cardiología esto debilita la confianza en los desenlaces subjetivos, aunque es menos crítico para la mortalidad.

La conclusión práctica para pacientes europeos o latinoamericanos: JELIS no se aplica directamente. Las condiciones de reproducción – alto consumo de pescado en la dieta – son alcanzables mediante la alimentación, no mediante suplementos.

REDUCE-IT vs STRENGTH: un giro argumental sobre el placebo

En 2019, REDUCE-IT (NEJM) evaluó icosapent etílico (EPA puro) 4 g diarios en 8.179 pacientes con alto riesgo cardiovascular, triglicéridos entre 150–500 mg/dL y tratamiento con estatinas. Resultado: reducción del 25 % en los eventos mayores. La FDA aprobó Vascepa para esta indicación.

En 2020, STRENGTH (JAMA) utilizó el mismo diseño pero una formulación de omega-3 distinta (mezcla EPA+DHA) y un placebo diferente. 13.078 pacientes. Resultado: sin beneficio.

¿Por qué uno funcionó y el otro no? La hipótesis principal: la diferencia de placebo. REDUCE-IT usó aceite mineral como placebo; STRENGTH usó aceite de maíz. Un análisis post-hoc posterior mostró que el aceite mineral de REDUCE-IT aumentó los marcadores inflamatorios (PCR) y el LDL en el grupo placebo. Si el «placebo» empeoraba activamente los resultados, el beneficio relativo del icosapent etílico podría haber sido una ilusión.

El debate continúa. La ESC 2021 incluyó con cautela el icosapent etílico en las recomendaciones para un grupo reducido de pacientes, señalando las limitaciones de REDUCE-IT. Las mezclas EPA+DHA no están recomendadas para la reducción del riesgo cardiovascular.

La conclusión: incluso en el subgrupo con beneficio clínico real (hipertrigliceridemia grave + estatinas + riesgo cardiovascular), se trata de una molécula específica (icosapent etílico), no de «aceite de pescado en general».

El efecto adverso que no aparece en el prospecto: fibrilación auricular

El marketing de suplementos describe el omega-3 como «seguro, sin efectos secundarios». Esto es falso. La terapia con omega-3 a dosis altas (2–4 g diarios) aumenta el riesgo de fibrilación auricular de forma dependiente de la dosis.

Cifras de los principales ECA: – REDUCE-IT: 3,1 % frente a 2,1 % con placebo (p = 0,004; incremento relativo del 38 %) – STRENGTH: 2,2 % frente a 1,3 % (p = 0,003) – OMEMI: aumento del 3,1 % al 7,2 % (p = 0,002)

Metanálisis de 5 grandes ECA (Lombardi et al., Circulation 2021): riesgo de fibrilación auricular dependiente de la dosis, clínicamente relevante a partir de 1 g diario.

Fisiológicamente el mecanismo es plausible: el omega-3 altera las propiedades eléctricas de la membrana del cardiomiocito y afecta la repolarización auricular. Una aclaración: el omega-3 no prolonga el intervalo QT. No existe señal de QT en la literatura sobre omega-3. El peligro específico es la fibrilación auricular.

Implicación práctica. En un paciente mayor de 60 años con hipertensión arterial, cardiopatía estructural o antecedentes de arritmia paroxística, el omega-3 a dosis altas eleva el riesgo de ictus tromboembólico a través de la fibrilación auricular. Las decisiones terapéuticas se toman con un cardiólogo, no a partir de un anuncio de suplementos.

Qué hacer

Sin antecedentes de enfermedad cardiovascular, riesgo SCORE2 bajo o moderado: – Apuntar a 2 porciones de pescado graso por semana. Es la base de las recomendaciones de AHA y ESC. – Las cápsulas de aceite de pescado de venta libre no aportan beneficio preventivo. Se pueden omitir. – Las dosis diarias pequeñas no son peligrosas, pero tampoco son útiles.

Si los triglicéridos superan los 5,6 mmol/L (500 mg/dL): – Esta es una indicación médica para omega-3 a dosis altas. Consultarlo con un cardiólogo. – Primera opción: icosapent etílico (Vascepa) o mezcla de ésteres etílicos (Omacor) 2–4 g diarios. – Antes de iniciar: ECG, valoración del ritmo, historial cardiovascular.

Tras un infarto de miocardio o con enfermedad cardiovascular establecida y tratamiento con estatinas: – La evidencia es heterogénea. El omega-3 de rutina no figura en las guías principales de ESC ni ACC/AHA. – En un subgrupo reducido con hipertrigliceridemia residual, se considera el icosapent etílico.

Con antecedentes de fibrilación auricular paroxística: – El omega-3 a dosis altas (más de 1 g diario) aumenta el riesgo de recurrencia. Consultarlo con un cardiólogo.

Fuentes utilizadas

– Cochrane 2020 «Omega-3 fatty acids for the primary and secondary prevention of cardiovascular disease» – Mozaffarian D, Rimm EB. JAMA 2006;296:1885-1899 – AHA Science Advisory. Seafood Long-Chain n-3 Polyunsaturated Fatty Acids and CVD. Circulation 2018 – Manson JE et al. VITAL trial. NEJM 2019;380:23-32 – Kalstad AA et al. OMEMI trial. Circulation 2021;143:528-539 – Yokoyama M et al. JELIS trial. Lancet 2007;369:1090-1098 – Bhatt DL et al. REDUCE-IT trial. NEJM 2019;380:11-22 – Nicholls SJ et al. STRENGTH trial. JAMA 2020;324:2268-2280 – Lombardi M et al. Omega-3 and atrial fibrillation: meta-analysis. Circulation 2021;144:1981-1990 – ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice 2021

Este artículo no reemplaza una consulta cardiológica. Si está tomando omega-3 a dosis altas o lo está considerando en el contexto de una enfermedad cardiovascular, consúltelo con su médico tratante.